>> Un día te despiertas y te das cuenta de que la vida consiste en intentarlo, aunque sea una vez más... aunque sea sólo hasta después de medianoche<<


viernes, 8 de julio de 2011

"What if..."- Capítulo 1

    Me aburría como cualquier otra noche y cualquier otro sábado en la discoteca.
Ni siquiera sabía qué hacía yo allí; esas cosas nunca me habían gustado mucho pero mis amigos habían insistido demasiado y no me sentía con fuerzas para discutir con ellos... así que acepté.
Pero una vez allí, no me pareció tan buena idea haberlo hecho. Estaba demasiado cansado; el trabajo en el taller había sido durísimo y se me cerraban los ojos por momentos. Y, de tal manera, que ni siquiera la música que sonaba podría hacerme despertar si me quedaba dormido.
Pero eso no pasaría. No dejaría que el sueño me venciera.
-Voy a la barra- anunció Robbie.
-Te acompaño. ¿Quieres algo tú, tío?- me preguntó Axel. ¿Vodka, whisky o algo así?
-¿Qué? No.
-¿Nada?- insistió.
Me mordí el labio... ¡por qué no! Quizá eso me ayudara a mantenerme despierto.
-Sí, vale... no sé; Bacardí...- empecé a decir.
-Hecho -me interrumpió Robbie mientras se ajustaba aún más la gorra a la cabeza. Volvemos ahora.
Y dicho esto, se marcharon. Y allí me dejaron, como siempre. Y es que... solía pasar lo mismo siempre que salíamos: Axel y Robbie no trabajaban; el primero estudiaba en la universidad, pero de los tres, sólo trabajaba yo; era mecánico en un pequeño taller a media hora en coche desde mi casa.
Y de momento, me apañaba bastante bien... pero el trabajo a veces me agotaba, justo como aquel día, así que mis amigos se movían por la pista de baile (bebida en mano) y ligaban con chicas sin parar, mientras yo me quedaba apoyado en alguna pared e intentaba no sentir lástima de mí mismo.
No es que eso me molestara, porque no me dejaban solo... pero a veces, echaba en falta alguien con quien hablar en un sitio así, en un sitio donde no había lugar para el silencio.
Además, yo no sabía bailar; vale, nunca lo había intentado... pero lo más parecido a bailar para mí era mover los brazos al ritmo de la música... pero sólo cuando la canción me gustaba mucho.
Así que me limité a quedarme parado, con los brazos cruzados, con mi mítica postura de "segurata"... igual que siempre. Había cosas que nunca cambiarían.
   Por entre la gente, pude ver cómo mis amigos se acercaban ya hacia mí con las bebidas.
-Joder, Nathan... ya te vale- me dijo Axel.
-¿Qué pasa?- contesté.
-Que ya estás otra vez en posición de vigilante- se carcajeó Mike- Así no se te acercará ninguna tía.
-Y hablando de tías... detrás de ti hay una pelirroja que está... - comenzó Robbie.
-Uff... madre mía...- añadió Axel - Aunque no es mi tipo, la verdad.
-¡Ya!- se burló Mike- ¡¡Pero sólo porque no está a tu alcance!!
-Lo que tú digas- contraatacó Axel mientras ponía los ojos en blanco.
-Pues yo voy a decirle algo- dijo Robbie, tras haber dado un largo sorbo a su cerveza- ¿Viene alguien? ¿Nate?
-Paso- contesté- No estoy de humor para hacer de intermediario.
-¿Pues... Mike?- preguntó.
-Claro, me encantará ver cómo te rechaza- rió.
-Venimos ahora- dijo Robbie, a la vez que empujaba a su amigo y levantaba el dedo corazón de su mano derecha.
Contemplé cómo se alejaban entre la multitud, acercándose poco a poco a la chica pelirroja. Robbie tenía razón: era... exuberante. Quizá no guapa, pero atractiva... sin duda.
Vi cómo Robbie, después de tres cacharros y con una cerveza en la mano, intentaba acercarse inútilmente a la chica... mientras Mike trataba de aguantarse la risa detrás de él.
   Terminé mi bebida y dejé el vaso encima de una mesita.
De repente, un manotazo me sacó de mi ensoñación y tropecé con mis propios pies.
-¡Axel! ¿Qué haces, tío? ¿A qué viene eso?... - grité.
-Te estoy hablando... y no me estás escuchando...- dijo tranquilamente.
-Vaya, perdona. ¿Qué decías?
-Hablaba de Kate. No lo has superado todavía, ¿no?
-¿A qué viene eso?- repliqué algo irritado.
Kate era un tema tabú. Habíamos cortado hacía un mes solamente y no encontraba nadie que la sustituyera.
Pero no porque la siguiera queriendo, sino porque no deseaba estar con nadie ni enamorarme.
Sólo quería soledad. Conocer gente, pero nada de novias.
Había querido mucho a Kate, pero discutíamos frecuentemente... y siempre por cosas que a mí me parecían una tontería, pero no a ella. Quizá se debiera a la diferencia de edad. Yo tenía 22 años y ella sólo 16, aunque nos habíamos conocido hacía mucho tiempo... cuando ni siquiera hubiera creído a quien me jurara que terminaría sintiendo algo por ella.
 Tal vez eso era lo que hacía que nos peleáramos; tal vez yo era demasiado maduro... o ella demasiado niña para mí, no lo sé.
Salí con ella un año, pero todo se estropeó. Estaba algo harto de sus tonterías de niña consentida y la dejé. Entonces, se enfadó conmigo y seguimos discutiendo. Dijo muchas cosas que me dolieron, pero yo no quería que todo acabara tan mal (y ella tampoco) y quedamos en darnos un tiempo.
Pero, al cabo de una semana me llamó y me dijo que era mejor que cortáramos... porque ella ya había conocido a alguien.
Y acabamos muy mal: me insultó y la insulté... o no sé, nos insultamos y nos dijimos muchas cosas; como que no quería volver a verla nunca más; cosas de las que hoy me arrepiento.
Después de querernos tanto... acabar así era... injusto.
-¡¡¡NATHAN!!!
-¡¿Qué?!
-Sigues sin escucharme. ¿No quieres oír la verdad o qué?- soltó Axel.
-No es verdad. No la quiero; estoy perfectamente yo solo.
-¿A quién quieres engañar? Ni siquiera quieres conocer a ninguna chica.
-No quiero una novia- contesté.
-¿Quién habla de novias? Ligues, rollos, sexo sin amor... esas cosas- dijo Axel.
-Cállate- gruñí.
Axel no obstante, no se quedó callado y contestó algo, pero la estrepitosa música ahogó sus palabras y se perdieron en la oscuridad de la discoteca. Pero no me importó.
Quería beber, necesitaba sentir el alcohol dentro de mí; esa noche no tendría que coger el coche... así que podía beber sin preocuparme por nada.
Me apoyé en la barra, al lado de un chico con tatuajes tribales en los brazos y le pedí una cerveza a la camarera. Era bonita, rubia... como Kate. Pero no... no quería pensar más en ella. No se lo merecía.
Pagué y me di la vuelta. Trabé la mirada a lo lejos y vi a Axel mirándome.
Parecía enfadado. "Genial Nathan; otra vez metiendo la pata"- pensé. Y me dirigí a él intentando no derramar mi bebida y esquivando a la gente.
Una chica borracha se cruzó en mi camino y casi tropecé con ella; me giré para intentar llegar hasta Axel por la parte izquierda de la pista de baile y cuando levanté la vista, la vi.
   Era una chica preciosa. Llevaba unos shorts grises y una camiseta roja, nada demasiado ostentoso, ajustado ni especial. Tenía grandes ojos castaños y una larguísima cabellera negra que balanceaba al ritmo de la música mientras bailaba sin parar.
Me fijé en que dos o tres chicos la miraban sin parpadear siquiera y se arremolinaban a su alrededor boquiabiertos y comiéndola con la mirada. Y cómo no... yo no había sido ninguna excepción.
Pero, no era la primera vez que la veía... ¿no? Me sonaba su cara... no podía ser la primera vez que la viera.
Me fijé en las otras chicas que la acompañaban... pero no las recordaba.
-¿Nate?- dijo Axel- ¿Qué haces ahí parado como un pasmarote? ¿Te sentó mal lo que te dije?- continuó mientras seguía mi mirada con los ojos.
-Olvídalo... ¿conoces a esa chica?- dije señalando a la morena.
-¡Anda!- exclamó él- Sí; no sé como se llama pero me suena. Va a mi clase.
-¿Va a la universidad contigo?
-Sí... ¿Te interesa?
-No... qué va- mentí- Además... nos vamos ya, ¿verdad?- dije mirando en dirección hacia donde Robbie se morreaba con la pelirroja.
Joder con Robbie.
-Ese tío no pierde el tiempo- se carcajeó Axel- ¿Cómo habrá conseguido que...?
    Pero yo ya no le escuchaba. Volvía a mirarla desde lo lejos, aunque no demasiado: unos cinco metros nos separaban.
Bailaba de espaldas a mí y, por alguna razón... no podía apartar los ojos de ella. Incluso Axel, que se había dado cuenta de que no le prestaba atención, la miraba con curiosidad.
Suspiré y vacié de un trago lo que quedaba de mi cerveza. ¿Tomaría otra? Vacilé, mirando hacia la barra.
Axel me cogió por el brazo y negó con la cabeza... señalando hacia la chica.
-"Mira"- susurró.
Ella había dejado de moverse y se apoyaba contra una columna, con un vaso en la mano. Bebía un líquido marrón por una pajita verde. Miraba en nuestra dirección.
La verdad... es que creo que me miraba a mí. Tragué saliva mientras seguramente mi cara enrojecía. Por suerte, las luces de neón lo ocultarían.
Y, aunque puede que fueran los efectos del alcohol mezclados con el gentío, el calor y el ruido, me sonrió.
¡No podía habérmelo imaginado! "O... tal vez sí; quién sabe", pensé.
-¿Nos vamos?- dejo alguien a nuestras espaldas. Era la voz de Mike.
-¿Robbie ya ha terminado?- se burló Axel.
-Tú ríete si quieres... pero hemos quedado, listo- contestó con aire ofendido Robbie.
-Vamos al coche- dijo Mike dirigiéndose a la salida.
Robbie le siguió y Axel se puso a mi lado, mientras le echaba un último vistazo a esa chica.
-¿Nathan... estás seguro de que no...?- empezó.
-No te preocupes, Axel. De todas formas, no creo que la vuelva a ver.

No tenía idea de lo mucho que me equivocaba.

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